UNA CONVERSACIÓN CON

ELSA PÉREZ

Esta no es una entrevista más sumada al Journal de YOLIÉ. Es una invitación a habitar sin prisa el universo de la escritora Elsa Pérez. A leer para entender que, a través de sus reflexiones, hay una versión de ti que busca florecer.
Elsa escribe desde la calma. Elige el tono y es rigurosa con sus palabras. Le encanta crear y contemplar la belleza, pero sabe que la vida real sucede lejos del artificio, y así lo expresa. 
Sus textos, publicados en su blog “Café y Diarios”, son un refugio de paz, un lugar seguro donde poder ser uno mismo. En ellos, conviven la literatura, el arte y la vida cotidiana. Hay recomendaciones de otros escritores, fragmentos de días que pasan despacio y pensamientos que no necesitan resolverse, o al menos con la urgencia a la que estamos acostumbrados. Todo se presenta con la honestidad de quien escribe para entenderse y, en ese camino, también te ayuda a encontrarte a ti. 
Este universo tan especial está acompañado de imágenes y pinturas, que aparecen desde esa misma mirada: la atención a lo pequeño, a lo íntimo, a lo que sucede cuando nadie está mirando. 
Para Elsa, escribir es una necesidad vital, “medicina para el alma” lo llama, y esa sensibilidad tan bonita es la que hace que, desde YOLIÉ, nos detengamos a escuchar su mundo literario y artístico.
Cartas, dibujos y el arte plateado de YOLIÉ.
Te dedicas a “escuchar a la vida y a expresarla en palabras”. ¿Cuándo sentiste que escribir era una necesidad y no solo una forma de expresión? 
Precisamente cuando descubrí que expresarse no es opcional. Creo que la escritura llegó para salvarme la vida, y hoy se ha convertido en mi manera de saborearla con intensidad.
Yo era una niña muy pequeñita, en el sentido literal de la palabra, pensaba en pequeño y me expresaba en bajito, pero, gracias a dios, eso terminó por hacer un ruido tremendo en mi interior. 
Aunque mis padres siempre me han sostenido y amado, pasaban los años y yo misma me ponía cadenas y límites. Mi prioridad era sobrevivir. Vivía forzada y disfrazada porque no me conocía. No me creía con derecho a habitar mi verdadera naturaleza, ni siquiera sabía de su existencia.
Hubo un momento en el que ya no me quedaban ni disfraces ni ganas de ponérmelos. Me agoté de vivir luchándome. Terminé realmente cansada y simplemente me rendí a lo que soy, sin siquiera saber lo que eso significaba. Me rendí a simplemente moverme por instinto e hice así lo único que me mantiene viva a día de hoy: decirme la verdad. Expresarme. Y lo hice en silencio, para escucharme bien alto, sobre el papel. A través de la escritura aprendí a amarme y, desde entonces, caminamos y saboreamos la vida de la mano. Es el mejor regalo que pude hacerme.
¿Cómo empieza tu proceso creativo? ¿El espacio influye en ese momento?

Algo inconfundible es el pulso intuitivo. 
Mi intuición es quien planta la semilla de todo lo que hoy es un artículo en mi blog, un boceto en mi cuaderno, un personaje en mi novela... 
Suelo sentirla en el pecho y me gusta imaginarla como una lucecita que titila y me pide cosas. 
Tal vez que anote una palabra en mi libreta, que acuda a mi diario a divagar sobre una idea, que subraye la cita de un libro… O incluso cosas que aparentemente no están relacionadas con la escritura como tomar un café con alguien, acercarme a oler algo, recoger una pequeña flor del suelo o entrar a una tienda de antigüedades.
Cubro sus necesidades inconscientemente, para después, conscientemente, darles forma en la intimidad de mi escritorio, tal vez con un par de cafés y en silencio. 
El silencio es sin duda algo que valoro por encima de cualquier otro elemento a la hora de escribir.
Como decía uno de mis autores favoritos, Carlos R. Zafón, “Escribir es reescribir. Se escribe para uno mismo y después, se reescribe para los demás.”
“Café y Diarios” es un lugar muy personal. ¿Por qué es especial para ti y qué intentas transmitir a través de la escritura?
Es un ecosistema de palabras que nació hace relativamente pocos meses, me emociona mucho ver lo que ha crecido en este tiempo. El cariño especial que le profeso, se debe a que lo percibo como un embrión de lo que algún día será mi universo escrito. Es el principio de algo mayor.
Haber creado este espacio me permite honrar el motivo por el que se me ha dado un cuerpo capaz de abrir los ojos cada mañana, que no es otro que el acto de crear, disfrutar de ello y finalmente, regalárselo al mundo. Cual madre que viste a su hija de novia y abre finalmente las puertas de casa para que experimente sus elecciones en libertad. 
La escritura comenzó siendo el antídoto a mis males, o mejor dicho, quien alumbró todo aquello que me negaba a reconocer y, hoy, es una especie de endulzante a mi existencia. La cucharadita de azúcar. Ella me recuerda que pase lo que pase, todo siempre se reduce a que el mejor regalo es estar viva. Poco más.
Existir, con todo lo que ello conlleva, es un verdadero milagro y la escritura es lo que me ancla a esa manera de pensar y vivir. 
Escribiendo vivo atenta. Siendo muy consciente del verdadero valor de todo lo que me rodea. Ese es el regalo que me hago a través de la escritura y el que pretendo ofrecer a todo aquel que desee leerme.
También te expresas mediante la pintura y compartes reflexiones habladas. ¿Qué lugar ocupan estas otras formas de creación en tu vida? 
Creo que las diferentes manifestaciones artísticas a través de las que me expreso están adheridas a mi piel. Forman parte de mi lenguaje desde el día en que nací. Creo que son ellas las que me eligen a mí, yo simplemente he aprendido a rendirme, a dejarme ser canal. 
La escritura hizo su aparición a una edad más avanzada, sin embargo, la pintura me ha acunado y nutrido desde que tengo uso de conciencia.
No conozco una vida sin acudir a ella con facilidad. Simplemente por diversión y por el placer de darle vida física a algo que ya existe en mi cabeza. 
Especialmente a través del lápiz, más allá de las acuarelas, los óleos, acrílicos… Siempre he sentido devoción por la belleza de los trazos a lápiz sobre superficies de color crema, que es el tono en el que escojo mis blocs y libretas.
En cuanto a las reflexiones habladas, disfruto de mi voz leyendo lo que escribo y también de explorar nuevas vías a través de las que compartir palabras, pensamientos y emociones.
¿Cómo definirías tu estilo de vida? 
Soy una persona muy solitaria y mi vida ha adoptado un equilibrio curioso. Es como si me diese tregua, semanas y días de tranquilidad, en silencio, en los que aparentemente nada cambia. 
Como si dosificase los retos o los eventos emocionantes, frenéticos y que me estimulan mucho, entre largos periodos de calma y normalidad. Creo que es para que pueda recibirlos con la energía renovada y los brazos abiertos a experimentar y ponerme a prueba. 
Mientras la vida me sorprende, me dedico a leer, escribir, ahora estoy aprendiendo mucho sobre la época de la antigua Grecia y su mitología. Voy a clases de francés y teatro, me pierdo por la sección de arte en la biblioteca, cenas, cafés y copas con seres queridos… Paseo mucho junto al río y por el casco histórico de mi ciudad. Hay días en los que simplemente no consumo nada porque a mi mente no le apetece, me pide que simplemente me aburra mirando al techo, que me vacíe y me renueve para después volver a llenarme.
¿Qué te inspira en el día a día?
Poner los cinco sentidos allí donde esté. Soy una persona muy analógica y curiosa. Vivir atenta es lo que más me inspira, así no pierdo detalle de las cosas pequeñas y desapercibidas. Me parecen las más bellas. 
Adoro las formas de las farolas (siempre me han parecido preciosas), la fotografía en blanco y negro, el color del café y la madera desgastada, el sabor del vino, las cucharaditas de miel y los objetos antiguos, el sonido de mis tacones al caminar, las pilas de libros que visten los rincones de mi habitación, la música de piano y de Joan Báez, la tinta sobre mi diario, un vaso de cristal con agua, mi rostro en el espejo sin maquillar, pensar en palabras que me encantan como “acompasar”, “armonía” …
Si hablamos de escritura, las novelas de Carlos Ruíz Zafón son una de mis mayores fuentes de inspiración. Amo la desnudez de su estética cruda y sensible, la riqueza de sus descripciones me atrapa y eriza mi piel. Cuando leo sus historias, el tiempo se desliza entre mis manos como si fuese agua y apenas percibo el entorno que me rodea. Consigue incomodarme y abrazarme al mismo tiempo. Pero ahí está la magia del arte ¿no?, en hacernos sentir. 
Entendiendo esta entrevista también como un espacio de reflexión, ¿qué te ayuda a conectar con la versión más honesta de ti misma?
Hablarme y mirarme las manos. En momentos de duda y desconfianza, me observo de lejos y me rio un poco de mí misma, me veo muy tierna teniendo miedo. Porque en el fondo siempre tengo presente que no soy más que una humana existiendo un ratito.
Mis manos son muy especiales para mí. Son una especie de ancla. Cuando las miro recuerdo lo que soy. Recuerdo que no tengo que encajar en ningún molde. Que puedo estar tranquila porque no hay prisa y sobretodo, que no necesito esforzarme por convencer o gustar a nadie. 
Que no he de seguir un guion para ser lo que ya soy y que no he venido a competir, ni yo ni nadie.
Eso me permite ser de verdad y dejar que el resto también lo sea. Es muy ligero y me encanta.
En este momento vital, ¿hacia dónde quieres ir? Quizá no lo sepas, y también está bien. En ese caso, ¿qué es aquello que siempre quieres que te acompañe y no te gustaría perder de tu esencia?
La fidelidad a mi intuición es lo que por nada del mundo dejaré de lado. Percibo mi vida como mi mayor obra de arte. Es mi creación más íntima e importante. Por eso para crearla de manera que tenga sentido para mí, aplico la misma técnica que con todo lo demás: seguir el pulso intuitivo.
Esto sustituye el peso del control por la ligereza de la confianza. De momento, lo que ella me pide es que siga escribiendo, creando, compartiendo y aprendiendo. Me pide seguir estudiando idiomas, formándome en ilustración, historia, filosofía, disfrutando de mi grupo de teatro, leyendo y viajando, recogiendo elementos que nutrirán las novelas y las historias que un día escribiré.
Y, una vez terminada mi carrera en Ciencias Políticas, que dirija mis pasos hacia el mundo de la cultura, el arte, la investigación académica… No creo que nunca llegue a saciar mi curiosidad ni mis ganas por crear y aprender. No creo que nunca deje de ser canal de todo lo que a través de mí quiere expresarse, al menos mientras siga viva.
Hay miles de cosas que quiero experimentar. Creo que es una suerte vivir en un mundo tan grande y variado.
¿Qué representa para ti una joya? 
El arte de la joyería me parece precioso. Especialmente el plateado, me recuerda a la elegancia tenue, pausada y silenciosa de la luna, una energía con la que me identifico mucho.
Adoro reparar en cada pequeña pieza y pensar que porta la esencia de quien un día la creó. Adornarme con joyas es un placer. Y, precisamente para que no deje de serlo, para que las piezas no pierdan su encanto y su elegancia, me gusta lucirlas en pequeñas dosis. Mis joyas son tesoros plateados que guardo para ocasiones especiales. 
El resto del tiempo suelo decorar mis orejas con un par de aritos sencillos y… poco más. Es mi manera de disfrutarlas de verdad.
¿Tienes alguna que sea especial por lo que simboliza o te recuerda?
Si tuviera que destacar una, sería un pequeño botón charro de oro que perteneció a la madre de mi padre. Siempre llevaba una pulserita dorada de estos pequeños botones encadenados entre sí. Cuando ella se marchó, mis tíos, desencadenaron los botoncitos y nos regalaron uno a cada nieto. 
Hoy cuelga de la cadena que recibí por mi comunión y me recuerda tanto a ella como a mi ciudad, pues el botón charro es una joya perteneciente al folclore tradicional de Salamanca. 
Si YOLIÉ fuera...
  • Una emoción:
    YOLIÉ representa para mí la serenidad y la elegancia de un alma que no necesita la atención de un otro para existir.
  • Una obra de arte:
    Creo que sería la “Virgen Velada”. Se trata de un bellísimo busto esculpido en mármol de Carrara, por Giovanni Strazza, en Roma, a mediados del siglo XIX.Representa a la Virgen María con una serenidad y una sensualidad que me recuerdan los valores de Yolié. Sus ojos cerrados son símbolo de espiritualidad e introspección, y el velo húmedo que cubre su rostro es para mí una oda a la sensibilidad íntima y verdadera del alma femenina.
  • Un aroma:
    Tal vez el olor del vino blanco. Su frescura serena y madura se enriquece con el paso del tiempo, y Yolié ha dejado muy claro que su arte, como el sabor de un buen vino, es atemporal y elegante.
    Además, el papel del vino, al igual que el de una joya, es de acompañamiento y elevación. Creo ambos son el adorno perfecto para una buena conversación.
  • Una canción:
    Se me viene a la mente la melodía francesa de “L’amour”, de Carla Bruni. Creo que su energía pausada y la voz de Carla reflejan mucho la esencia de Yolié.
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Tus favoritas de YOLIÉ:

Desde que vi los pendientes Bernia, quedé prendada de ellos. Los anillos de la nueva colección “Essence”, especialmente el Solitario Prasolita, me parecen preciosos. Me gusta mucho como se adaptan a la anatomía de las manos. Cuando miraba mis dedos con los anillos puestos, me parecía bellísimo como estos parecían deslizarse entre ellos, como si estuviesen dotados de vida propia. 
Me sucede lo mismo con el colgante Delos en plata y la ligereza natural con la que parece descender por la cavidad que respira entre las clavículas. Es precioso.
Descubre más sobre Elsa Pérez en @elsaprzz_ y en su espacio @cafeydiarios.